DON LIBORIO GÓMEZ DE DIEGO

DON LIBORIO GÓMEZ DE DIEGO

Nacido en 1908 hijo de Juan y de Dolores. Se formó en el Seminario Conciliar de Madrid. Enviado a estudiar por su obispo a la Universidad Pontificia de Comillas, en Santander, obtuvo el grado de Doctor en Sagrada Teología, en 1934, con una tesis que llevaba por título "La Cristología en los Concilios Toledanos". Fue ordenado subdiácono, el 16 de noviembre de 1934, por el Obispo de Santander con las legítimas letras dimisorias del Obispo de Madrid.
El 22 de diciembre de 1934 fue ordenado Diácono en el Palacio Episcopal de Madrid. El 6 de abril de 1935 recibió el presbiterado en la Capilla del Seminario de Madrid.

Fue cura ecónomo desde el 1 de junio de 1935 en Sevilla la Nueva (Madrid) donde se le recuerda especialmente por no querer abandonar el pueblo en los momentos de la persecución religiosa siendo asistido por los pastores de la localidad durante su refugio en el campo.

Fue detenido en Sevilla la Nueva el 28 de octubre de 1936. El 12 de noviembre de 1936 ingresa en la Prisión Provincial de Ventas (Madrid) por orden de la Dirección General de Seguridad. El 2 de diciembre de 1936 fue puesto en libertad en la cárcel donde estuvo retenido y conducido a Paracuellos del Jarama donde fue asesinado. Sus restos descansan hoy en ese lugar.

domingo, 22 de diciembre de 2013

BELÉN o NACIMIENTO. NAVIDAD 2013


NACIMIENTO DEL NIÑO JESÚS





ORIGEN DEL PRIMER BELÉN
El primer Belén o Nacimiento, es una tradición introducida al Nuevo Mundo por los frailes, probablemente franciscanos, durante la colonización y evangelización ibérica a partir del siglo XV y XVI.

Los orígenes de esta costumbre de reproducir en imágenes el nacimiento de Jesús, se remonta al siglo XIII, por iniciativa de San Francisco de Asís. Se dice que, mientras predicaba por la campiña de Rieti Italia, le sorprendió el crudo invierno al humilde predicador que vestía con harapos. Se refugió en la ermita de Greccio. Era entonces, la Navidad del año 1223.


Mientras oraba, rodeado de aquella paz del bosque y meditando la lectura del evangelista San Lucas tuvo la inspiración de reproducir en vivo el misterio del nacimiento de Jesús en Belén. 


Construyó una casita de paja a modo de portal, puso un pesebre en su interior, trajo un buey y un asno de los campesinos del lugar, e invitó a un pequeño grupo de ellos a reproducir la escena de la adoración de los pastores.
 

El Papa Honorio III, concedió indulgencia a todos los que asistieron a la ceremonia, y el heno que se utilizó en el pesebre, sirvió para curar a personas y animales.



Este es el origen del primer Belén o Nacimiento, que lo hizo San Francisco de Asís, cuya idea principal, es explicar con todo detalle el porqué y el cómo, el Salvador del mundo se hizo hombre.

La hermosa idea se propagó por toda Italia, luego a España y al resto de la Europa católica. En Nápoles, hacia finales del siglo XV, reprodujeron en figuras de barro a los actores del gran acontecimiento narrado por el Evangelista San Lucas, en su capítulo 2, versículo 2 al 14 que nos narra el nacimiento de Jesús:


NACIMIENTO DE JESÚS

En esos días, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el Imperio.
Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.

Cuando estaban en Belén, le llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, poque no había lugar para ellos en ningún otro lugar.

En la región había unos pastores que vivían en el campo, y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. 


De repente, un ángel del cielo se les apareció y les dijo: "No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy nació, en la ciudad de David, un Salvador que es Cristo Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre". 

De pronto aparecieron otros ángeles y todos alababan a Dios, diciendo: "Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a los hombres".



Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores comenzaron a decirse unos a otros: "Vamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos dio a conocer". 

Fueron apresuradamente y hallaron a María, a José y al niño Jesús, acostado en el pesebre.Entonces contaron lo que los ángeles les habían dicho, y todos se maravillaron de lo que decían los pastores. 


María, por su parte, observaba cuidadosamente todos estos acontecimientos y los guardaba en su corazón.
Después los pastores se fueron glorificando y alabando a Dios, porque todo lo que habían visto y oído era tal como se lo habían anunciado.


DE ORIENTE VIENEN UNOS MAGOS
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá, durante el reinado de Herodes, vinieron unos Magos de Oriente a Jerusalén, preguntando: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo". Herodes y todo Jerusalén quedaron muy intranquilos con la noticia. Reunió al rey, a todos los sacerdotes principales y a los maestros de la Ley para preguntarles dónde debía nacer el Cristo. Ellos le contestaron que en Belén de Judá, ya que así lo anunció el profeta que escribió:

 "Belén tierra de Judá, tú no eres el más pequeño entre los principales pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el pastor de mi pueblo Israel."

Herodes, entonces, llamó privadamente a los Magos para saber la fecha exacta en que se les había aparecido la estrella. Encaminándose a Belén les dijo: "Vayan y averiguen bien lo que se refiere este niño: Cuando lo hayan encontrado avísenme para ir yo también a adorarlo".

Después de todo esto, los magos prosiguieron su camino. La estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta que se paró sobre el lugar en que estaba el niño. Al ver la estrella, se alegraron mucho, y habiendo entrado en la casa hallaron al niño que estaba con María, su madre. Se postraron para adorarlo y, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Luego regresaron a su país por otro camino, porque un ángel, en sueños, les advirtió de que no volvieran donde Herodes.

Esa noche, un ángel se apareció a José para avisarle de las intenciones de Herodes de matar a Jesús. José entonces, huyó a Egipto con María y su Hijo. Cuando Herodes murió, volvieron a Nazaret, donde el pequeño niño Dios creció, admirando a cuantos le conocían.


TRADICIÓN EN LOS HOGARES
Esta tradición de poner el nacimiento o belén en los hogares, fue acogida con gran cariño y se ha extendido por todo el mundo desde el siglo XVI.

Poner un nacimiento en casa, en el que podemos contemplar la imagen de Belén, el pesebre, los pastores, los magos, la estrella, los ángeles, José y María, puede ser una actividad que fomenta la unión familiar. Y al mismo tiempo, convertirse en una imagen que nos ayude a meditar en el misterio de la Navidad y en las virtudes de cada uno de los personajes. A través de nuestros sentidos, se eleva nuestro espíritu ante este gran acontecimiento.




"El Nacimiento nos invita a reflexionar 
el gran misterio de Dios 
hecho hombre por amor al hombre"


FELICES PASCUAS









viernes, 20 de diciembre de 2013

RETIRO DE ADVIENTO

RETIRO DE ADVIENTO 21.XII.2013




LO ESENCIAL PARA VIVIR

El año 2013, que está a punto de concluir, se puede condensar en un evento, en un acontecimiento, el Año de la Fe. Este año que Benedicto XVI, quiso que sirviera para redescubrir la imortancia vital de la fe y el testimonio en el mundo, ha mostrado su camino nuevo en el que nosotros debemos adentrarnos, el camino de la esperanza hacia la Misión. De la mano de los momentos más notables de este año pasado podemos ver lo mucho que aún hemos de avanzar por este camino.


1.- El Gozo de Crecer
La apertura del Año de la Fe, estuvo precedida por la apertura del Sínodo sobre la nueva evangelización. En esa celebración el Papa Benedicto hizo una honda reflexión sobre la situación actual. Partía de unas preguntas que nosotros debemos hacernos hoy: ¿Dios es una hipótesis o no? ¿Es una realidad o no? ¿Por qué no se hace oír? Creo que cualquiera que esté en su sano juicio de vez en cuando se lo preguntará, no podemos estar indiferentes. Es importante saber si Xto nos ha hablado y si nos puede hablar hoy. Y para solucionar este problema tenemos una palabra "Evangelio". El Evangelio significa que Dios ha roto su silencio, que Dios ha hablado, que Dios existe. Este hecho, como tal, es la salvación. Dios nos conoce, Dios nos ama, ha entrado en la Historia. Todo ello gracias a Jesús, cuyo nacimiento celebramos en estas fechas. Jesús es la Palabra de Dios, el Dios con nosotros, el Dios que nos muestra que nos ama, que sufre con nosotros hasta la muerte y resucita. Este es el Evangelio mismo. Dios ha hablado y no es un desconocido, sino que se ha mostrado y esta es la salvación.

Creo que hasta aquí todos estamos de acuerdo, sabemos que Dios ha hablado verdaderamente, ha roto el gran silencio y se ha mostrado. Pero esto no es suficiente. Podemos preguntarnos. ¿Cómo podemos hacer llegar esta realidad al hombre de hoy, para que se convierta en salvación? Ya sabemos que el hecho de que Dios nos hable en la salvación, la redención, pero  ¿cómo puede saberlo el hombre? Si esto dependiera de nosotros estaríamos ante un abismo porque por mucho que Dios hable si no hay gente para escucharle no sirve de nada.

Sólo el hecho de que Dios nos precede hace posible nuestro caminar, nuestro cooperar,  no una para decisión nuestra. Descansemos, la obra es de Dios, no nuestra. Por ello es siempre importante saber que la primera palabra, la iniciativa auténtica, la actividad verdadera viene de Dios y sólo si entramos en esta iniciativa divina, sólo si pedimos esta iniciativa divina, podemos llegar a ser (con Él y en Él) evangeliadores. Dios siempre es el comieno, y siempre sólo Él puede hacer Pentecostés, puede crear la Iglesia, puede mostrar la realidad de su estar con nosotros. Por tanto, el inicio del camino está claramente en la iniciativa de Dios. Cuando esto no está claro es cuando surgen los problemas, los protagonismos... Se oscurece la huella de Dios. De esta manera entendemos la importancia de tener una clara noción de la fe.

Si se propuso un Año de la Fe no fue para hacer una simple conmemoración (50 años de Concilio y 20 de Catecismo), sino porque había una clara necesidad de volver al inicio. A partir de la experiencia del Concilio Vaticano II y de lo que después vino podemos descubrir esa época como la experiencia de desierto, de vacío, y descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para todos nosotros.

En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir. Así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa (la gente da auténticos palos de ciego). En el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. La fe vivida abre el corazón a la Gracia de Dios que libera del pesimismo. Hoy más que nunca evangelizar quiere decir dar testimonio de una vida nueva, transformada por Dios, y así indicar el camino. Esta es nuestra misión. Primero tenemos que tomar conciencia del mundo en el que vivimos para luego darnos cuenta de lo necesaria que es nuestra respuesta y nuestra entrega.

El Año de la Fe nos reservaba una gran sorpresa. El 11 de febrero Benedicto XVI anunciaba su renuncia al pontificado, un hecho histórico no sólo como noticia, sino también como ayuda para la comprensión de la fe. Si algo quedó claro en esos días de febrero era que para el Papa el centro era Xto, ni más ni menos. Todo puede temblar, todo puede cambiar, pero Xto siempre es fiel, está a nuestro lado y nos acompaña. La renuncia del Papa se puede encuadrar como el gesto más importante de este año. Benedicto XVI quería fortalecer nuestra fe en Dios en un contexto en el que parece que cada vez se le relega a un segundo plano. Quería invitarnos a renovar la firme confianza en el Señor, que confiáramos como niños en los brazos de Dios, seguros de que esos brazos nos sostienen siempre y son los que nos permiten caminar cada día, también en la dificultad.

He aquí lo importante de tener fe, lo que nos diferencia de los que no la tienen y lo que nos anima a seguir aumentándola. Cada uno de nosotros puede sentirse amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites. Cada uno de nosotros puede sentirse amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites. Cada uno de nosotros puede sentir la alegría de ser cristiano. En su última Audiencia General, el 27 de febrero, Benedicto XVI invitaba a rezar una oración de la tradición. "Te adoro Dios mío, y te amo con todo el corazón. Te doy gracias porque me has creado, hecho cristiano". Alegrémonos por el don de la fe porque es el bien más precioso, que nadie nos puede arrebatar.l Por ello demos gracias al Señor cada día, con la oración y con una vida cristiana coherente. Dios nos ama, pero espera que también nosotros le amemos.

Este era el pensamiento de un Papa saliente pero no suponía ningún cambio en su forma de ver la vida. Tiempo atrás, en Porta fidei, manifestaba la misma convicción. En aquella ocasión el punto de partida era una conocida frase de S. Pablo: Caritas Christi urget nos ("Cor 5,14). Es el amor de Xto el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar (no olvidemos que nosotros no somos pietistas ni pensamos que nuestra devoción es algo intimista, secretista). Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (Mt 28,19). De ahí la importancia que tiene la verificación de la fe en nuestra forma de actuar. Obras son amores y no buenas razones. Con su amor, Jesuxto atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso también es hoy necesario un compromiso eclesial (¡Es necesario que nos comprometamos!) más convencido a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe.

La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe (lo más parecido para entender el ser xtiano es siempre el amor), y que se comunica como experiencia de gracia y gozo (si no hay alegría no hay fe). Nos hace fecundos porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo.

La fe sólo crece y se fortalece creyendo, no hay otra posibilidad para poseer la certeza sobre la propia vida que abandonarse, en un crescendo continuo, en las manos de un amor que se experimente siempre como más grande porque tiene su origen en Dios. Si queda alguna duda tenemos Lumen fidei, donde se nos recuerda por activa y por pasiva que no se puede entender sin creer.

El xtiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. Sería una enorme contradicción con lo dicho anteriormente. La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este "estar con él" nos lleva a comprender las razones por las que se cree. La fe, precisamente porque es un acto de libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree (ahí está nuestra tristemente olvidada Doctrina Social). La Iglesia en el día de Pentecostés muestra con toda evidencia esta dimensión pública del creer y del anunciar a todos sin temos la propia fe. Es el don del Espíritu Santo el que capacita para la misión y fortalece nuestro testimonio, haciéndolo franco y valeroso. La misma profesión de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. No lo olvidemos nunca, el primer sujeto de la fe es la Iglesia.


2. Es Él quien te da la fe
En el primer punto hemos podido entender de una maner profunda lo que significa creer en su extensión. Pero no terminaría de encajar todo si no entendiéramos algo fundamental: el primado de Dios y de su gracia. Tenemos la frecuente tentación de apropiarnos de los planes de Dios o incluso poner nuestra voluntad por encima de la suya, olvidando que Él es quien nos da la vida y nos sostiene. ESto se ha puesto delante de nuestros ojos a través del que sin duda ha sido el personaje de 2013, el Papa Francisco.

Francisco recibió en herencia llevar a cabo los actos principales del Año de la Fe, algo que ha hecho dándole un tono personal y cercano que ha atraído a numerosos creyentes y no creyentes. Uno de los encuentros más importantes fue el que tuvo con los movimientos eclesiales en la Vigilia de Pentecostés, el 18 de mayo. Sus palabras son claras y certeras. Francisco recuerda que nosotros decimos que debemos buscar a Dios, ir a Él a pedir perdón, pero cuando vamos Él nos espera. ¡Él está primero! Por ello ha puesto de forma una palabra que choca bastante, primerear. El Señor siempre está primero, nos está esperando. Ésta es precisamente una gracia grande: encontrar a alguien que te está esperando. Uno va como pecador, pero Él está esperando para perdonarnos.

¿Cuál es la respuesta de nuestro corazón cuando nos damos cuenta de ello? Es un estupor tal que no te puedes creer lo que está pasando y que te hace seguir un camino, y así va creciendo la fe. Lo importante, por tanto, es el encuentro con Jesús, el encuentro con Él, y esto nos da la fe porque es precisamente Él quien la da. Normalmente hablamos de la fragilidad de la fe y preguntamos cómo hay que hacer para fortalecerla. El mayor enemigo de la fragilidad, curiosamente, es el miedo. Todos somos frágiles, lo sabemos, y no tenemos que tener miedo de ello. Él es más fuerte. Francisco repite una y otra vez que si estamos con Él no hay ningún problema y pone el ejemplo de los niños. Un niño es fragilísimo pero cuando está con sus padres está seguro. Lo mismo pasa con el Señor. La fe crece con el Señor, precisamente de la mano del Señor, esto nos hace crecer y nos hace fuertes. Lo peor que podemos hacer es pensar que nos las podemos arreglar solos.

Podría parecer que el cambio de un Papa a otro ha supuesto un giro, un cambio de rumbo. Es cierto que las palabras de Benedicto XVI son más reflexivas, pero Francisco habla con una hondura que a la vez rezuma cercanía, lo cual le da una gran hondura. Muchos han intentado vender el argumento de que entre ambos pontífices hay una discontinuidad pero nosotros debemos remitirnos a los hechos. El principal de ellos es la encíclica Lumen fidei (que es muy recomendable leer e incluso puede ayudarnos a rezar). En ella se muestra cómo el pensamiento de dos hombres tan diferentes está en una gran armonía que converge en la luz de la fe.

La luz de Xto brilla como en un espejo en el rostro de los xtianos, y así se difunde y llega hasta nosotros, de modo que también nosotros podamos participar en esta visión y reflejar a otros su luz, igual que en la liturgia pascual la luz del cirio enciende muchas velas (Si no vemos la importancia de los gestos litúrgicos nos perdemos y no entendemos). La fe se transmite de persona a persona, creando esa gran cadena que es la tradición, como una llama que enciende otra llama. Los xtianos, en su pobreza, plantan una semilla fecunda que se convierte en un gran árbol que es capaz de llenar el mundo de frutos.

De ahí la importancia de la transimisión de la fe, de la catequesis. La transmisión de la fe, que brilla para todos los hombres en todo lugar, pasa también por las coordenadas temporales, de generación en generación. Puesto que la fe nace de un encuentro que se produce en la historia (ojo, que esto ha pasado de verdad), e ilumina el camino a lo largo del tiempo, tiene necesidad de transmitirse a través de los siglos. Y mediante una cadena ininterrumpida de testimonios llega a nosotros el rostro de Jesús. ¿Cómo es posible esto? Esto es importante. ¿Cómo podemos estar seguros de llegar al "verdadero Jesús" a través de los siglos? (hay veces que parece que creemos como borregos, sin pensar) Si el hombre fuese un individuo aislado, si partiésemos solamente del "yo" individual (de nuestra genialidad) que busca en sí mimo la seguridad del conocimiento, esta certeza sería imposible. Y ahora tenemos que atender a esto, porque sin ello no hay ni catequesis ni tradición ni nada. No puedo ver por mí mismo lo que ha sucedido en una época tan distinta a la mía. Pero esta no es la única manera que tiene el hombre de conocer. La persona vive siempre en relación. Proviene de otros, pertenece a otros, su vida se ensanche en el encuentro con otros. Incluso el conocimiento de sí, la autoconciencia (lo que yo sé de mi mismo) es relacional y está vinculada a otros que nos han precedido: en primer lugar nuestros padres, que nos han dado la vida y el nombre. El lenguaje mismo, las palabras con que interpretamos nuestra vida y nuestra realidad, nos llega a través de otros, guardado en la memoria viva de otros. El conocimiento de uno mismo sólo es posible cuando participamos en una memoria más grande. Lo mismo sucede con la fe, que lleva a su plenitud el modo humano de comprender. El pasado de la fe, el acto de amor de Jesús, que ha hecho germinar en el mundo una vida nueva, nos llega en la memoria de otros, de testigos, conservado vivo en aquel sujeto único de memoria que es la Iglesia. La Iglesia es una Madre que nos enseña a hablar el lenguaje de la fe y siguiendo a la Madre luego se puede transmitir a los demás el mensaje el Evangelio.

Otro momento de gran importancia fue la Jornada Mundial de la Junventud de Río de Janeiro. La llegada del Papa fue espectacular porque nos hizo caer en la cuenta de lo más importante. Dijo que no traía oro, ni plata, pero que traía lo más valioso que se le había dado: Jesucristo. (22-VII). El problema de los jóvenes, con los que tenemos que trabajar a menudo, nos muestra que tenemos que replantearnos muchas situaciones. Jesucristo ofrece espacio a los jóvenes porque no hay energía más grande que la de un corazón joven seducido por la experiencia de la amistad con él. Jesucristo tiene confianza en los jóvenes y les confía el futuro de su propia misión (y nosotros también deberíamos pensar en hacerlo). Un joven que tiene confianza en Jesucristo es un tesoro, no tiene miedo de arriesgar con él  la única vida que tiene porque sabe que no será defraudado.

Es necesario un espíritu joven para anunciar a Jesucristo. Pero también es necesario saber confiar en él. El mejor canal del que disponemos es la Virgen María. A ella se dirigía el 12 de Octubre Francisco en el marco de la Jornada Mariana. Lo que ha ocurrido en la Virgen Madre de manera única, también nos puede suceder a nosotros en el plano espiritual cuando acogemos la Palabra de Dios con corazón bueno y sincero y lo ponemos en práctica. Es como si Dios adquiriera carne en nosotros (alter Christus). Él viene a habitar en nosotros porque toma morada en aquellos que le aman y cumplen su Palabra. No es fácil entender esto, pero si es fácil sentirlo con el corazón. A veces somos tan secos que nos olvidamos que el corazón es importante.

¿Pensamos que la encarnación de Jesús es sólo algo del pasado, que no nos concierne personalmente? Creer en Jesús significa ofrecerle nuestra carne, con la humildad y el valor de María, para que él pueda seguir habitando en medio de los hombres. Es importante que se note que Dios está en medio de nosotros. Significa ofrecer nuestras manos para acariciar a los pequeños y a los pobres, nuestros pies para salir al encuentro de los hermanos; nuestros brazos para sostener a quien es débil y para trabajar en la viña del Señor; nuestra mente para pensar y hacer proyectos a la luz del Evangelio (tenemos por delante la Gran Misión) y, sobre todo, nuestro corazón para amar y tomar decisiones según la voluntad de Dios. Todo esto acontece gracias a la acción del Espíritu Santo, sin el cual no hay evangelización. Y, así, somos instrumentos de Dios para que Jesús actúe en el mando a través de nosotros. Esto sí que es una fe viva.



José Ramón Godino Alarcón




FELIZ ADVIENTO






viernes, 13 de diciembre de 2013

FELICITACIÓN NAVIDEÑA PARROQUIA SEVILLA LA NUEVA



FELICITACIÓN NAVIDEÑA 
DE LOS NIÑOS
DE NUESTRA PARROQUIA





Los niños de la parroquia de Sevilla la Nueva, os desean unas felices fiestas, cantando el villancico "El Tamborilero".


Pincha el enlace, para verlo y escucharlo:

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=RoEkrqHbR6A



Desde la parroquia queremos agradecer a todas las familias y en especial a los niños, el esfuerzo y el entusiasmo de todos ellos, que han hecho posible la participación de nuestra parroquia, en el Primer Festival Navideño de Infancia que organiza la Diócesis de Getafe.





El Festival Navideño de La Infancia tuvo lugar, el sábado 14/12, en la Parroquia Santa Maravillas de Jesús de Getafe. Transcurrió durante toda la mañana, con actuaciones de niños entre 7 y 14 años, cantando su villancico, por parte de varias parroquias de nuestra Diócesis, junto con representación teatral del nacimiento del Niño Jesús... Finalmente y después de la entrega de premios, los niños pudieron hacerse una foto con los queridos Reyes Magos y Papá Noel. 

Todos pasamos un día muy divertido y tuvimos el mejor premio, que fue el poder pasar un rato muy bonito, alegre y divertido, junto con todos los amigos y familia, y poder compartir nuestro villancico junto con nuestro mejor deseo navideño al resto de personas allí presentes.


Gracias a todos y Feliz Navidad.


FELICES PASCUAS





El vídeo, ha sido elaborado por el fotógrafo Carlos Martinez Santana, grupo GCSP, situado en la Calle General Asensio, 5 de nuestra localidad.. Quien lo desee, puede adquirir el video, en dicho estudio fotográfico.





domingo, 8 de diciembre de 2013

ADVIENTO

ADVIENTO : TIEMPO DE ESPERANZA



El término Adviento viene del latin "adventus", que significa "venida, llegada". Es el periodo de preparación para celebrar la Navidad, el nacimiento y la llegada de nuestro Señor Jesús.

El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado.  
 


Con el Adviento comienza una nuevo año litúrgico en la Iglesia.

El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.


 
Este año en nuestra diócesis de Getafe, el Adviento coincide con el comienzo del "Año de la Esperanza", convocado por nuestro Obispo. Servirá de preparación para la Gran Misión Diocesana, que tendrá lugar, coincidiendo con el XXV Aniversario de la fundación de nuestra diócesis.



CORONA DE ADVIENTO

La corona de adviento tiene varios símbolos:


FORMA CIRCULAR

El círculo no tiene ni principio ni fin. Es la señal del amor de Dios, que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.




LAS RAMAS VERDES
Verde es el color de la esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión mucho más estrecha con Dios, nuestro Padre.


LAS CUATRO VELAS
Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona.  Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.

Son cuatro velas, las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento, al hacer la oración en familia.

Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva, que  trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.


LISTÓN ROJO
Representa nuestro amor a Dios, y el amor de Dios que nos envuelve.



Los domingos de Adviento la familia o la comunidad en la Iglesia, se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para que sea bendecida por el sacerdote.

Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos que La Iglesias ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús.



Cada Navidad, Jesucristo vuelve como la primera vez. Él viene para todos nosotros. Él nos va a llevar de su mano.

 "Todo, la noche de Belén, se estrella en la ternura de un niño que concentra en si, todo el amor, toda la paciencia de Dios, que no se otorga a si mismo el derecho de decepcionarse". Y lo nuestro, se asemeja a las madres, cuando se aproxima el nacimiento de su hijo, preparando todo, para que el Niño Dios se encuentre cómodo.


Adviento, es tiempo de ilusionarnos con el Dios que no se cansa de venir a buscarnos, que no se concede el derecho de decepcionarse con nosotros, obra suya aunque en ocasiones, el pecado nos manche las manos y el corazón. Dios viene, la iniciativa es suya. Nos toma de la mano, y nos dice que se puede comenzar de nuevo. Ahora nos toca a nosotros preparar el lugar para acogerle. ¡Encontremos un lugar para el Señor!
  

"NO DARÉ SUEÑO A MIS OJOS, 
NI DESCANSO A MIS PÁRPADOS, 
HASTA QUE ENCUENTRE UN LUGAR
 PARA EL SEÑOR"






ESPACIO PARA NIÑOS
Imprímete el calendario de Adviento y colócalo en tu habitación.







jueves, 5 de diciembre de 2013

I CONCURSO DE VILLANCICOS EN SEVILLA LA NUEVA



CONCURSO VILLANCICOS EN SEVILLA LA NUEVA







¡Participa en el primer concurso de Villancicos que organiza la Parroquia de Sevilla la Nueva y la Fundación San Juan! Es la mejor forma de preparar la Navidad.


 FELIZ NAVIDAD